Ese año (2007) hubo en España 1.207 homicidios, y sólo en un 1% el homicida padecía algún tipo de trastorno mental. Teniendo en cuenta que se calcula que la mitad de la población tendrá en algún momento de su vida este tipo de dolencia, y que en cada momento los trastornos relacionados (desde los más graves como esquizofrenia o autismo a los más leves, como algunas formas de depresión) afectan a un 15% de la población, la conclusión es clara: las personas con una enfermedad mental son, en general, menos agresivas, aunque por lo que trasciende a los medios (como el famoso caso de la médica Noelia Mingo, que tenía esquizofrenia y mató a tres personas en 2003) pueda parecer lo contrario.
Una vez más queda claro que los clichés y las formas económicas de comunicarnos nos delatan, en cuanto tenemos totalmente interiorizado que un asesino, un violador, etc. es un loco/a...
Una verdadera injusticia para millones de personas enfermas, en ocasiones desde su niñez, que están sufriendo a diario la desidia y el olvido de todas las miradas ajenas a su dolor.

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